pan y rosas

reflexiones personales, sociales, políticas, estéticas y voladas varias

30 abril 2007

de galerías a plateas generales


no sé si ustedes han reparado en el detalle, pero a mí ya hace un tiempo me viene llamando la atención que desde hace unos cinco años, las galerías sólo sobreviven en los estadios, a la hora de los espectáculos deportivos.


me explico: antes -unos diez años atrás-, cuando se iba a algún recital, espectáculo masivo, ya fuera en estadios u otro tipo de recintos, las tres ubicaciones más o menos clásicas eran: platea, platea alta y galería.


si mal no recuerdo, el último espectácuo al que fui y donde la galería se llamaba galería, fue un concierto de joan manuel serrat en el court central del estadio nacional, allá por 1999.


de ahí en adelante, tengo la percepción de que las galerías adoptaron nombres bastante sofisticados cuando se trataba de conciertos y recitales: platea general, tribuna alta y otros.

y qué hablar de las ubicaciones más costosas: platea vip, platinum, golden platinum y una larga serie de denominaciones en inglés que aluden a metales nobles .


me tinca que este rebautizo de localidades coincidió con el sistema de venta de entradas a través de multitiendas y medios electrónicos -que de paso segmentaron las localidades en infinitas posibilidades de precios-, aunque no puedo aventurar ninguna explicación o causalidad para ello.


lo que sí puedo decir es que más allá de las motivaciones, me parece de una enorme siutiquería disfrazar a las galerías de nombre pitucos como para subirles el pelo.


sí, las galerías son las localidades más baratas, las del populacho, de la barra pop como dicen en el diario la cuarta. ¿y qué?


¿se disfruta menos un espectáculo en la galería? ¿tiene menos valor la experiencia o la diversión, que si se estuviera en la fila A1?


¿o será que a estas alturas resulta poco marketero vender una localidad como 'galería'?


no tengo idea, pero me queda claro que todavía muchos artistas cuando su show está en el cénit de la euforia dedican sus canciones y saludan a 'los de allá arriba', a la galería. y no a los que están en la tribuna alta o en la platea general.

23 agosto 2006

andando en bici sin ruedas chicas


hace algunos meses en un bar de viejos de santiago, con un amigo llegábamos a la conclusión de que a nuestros 29 años estábamos en una edad precisa, pues sentíamos que habíamos arribado a una madurez especial, una suerte de percepción holística de la vida. una cierta sabiduría con la cual ponderar y juzgar los acontecimientos, las situaciones... la vida.

ayer, tras salir de una sesión con mi sicóloga después de más de un mes sin verla, volví a sentir esa sensación -por un par de meses pérdida. volví a sentir esa plenitud y se me ocurrió que quizás madurar es algo parecido a aprender a andar en bicicleta sin ruedas chicas.

ahora que escribo esto, pienso que quizás los casi dos meses que pasé entre la angustia y el desgano y que comenzaron a irse hace ya unas tres semanas, fueron distintos a mis clásicos bajones invernales, justamente porque los viví ahora, a los 29. precisamente en esta etapa en que me atreví a sacar la segunda rueda chica y pedalear sin más apoyo en los costados que mi propio sentido del equilibrio.

claro, una no aprende altiro. si hasta cuando andabas con una rueda chica te desequilibrabas y terminabas cayéndote hacia el otro lado. ahora, cuesta a ratos mantener el equilibrio, se te mueve el manubrio, zigzagueas, te caes, te raspas las rodillas y te sacas la chucha. y algunas veces duele, aunque casi siempre, el susto es mayor.

pero poco a poco comienzas a aprender a balancear el peso, a mantenerte firme sobre la bici mientras avanzas por la calle o la vereda, hasta que el miedo a verte incrustada entre las ligustrinas -o peor, estampada en el asfalto-, va quedando atrás. incluso a ratos tienes la osadía de cerrrar los ojos y disfrutar del viento rozándote la cara.

creo que eso fue lo que me sucedio durante esos días aciagos. me saqué la cresta tan fuerte en uno de estos intentos por andar sin ruedas chicas, que cuando me volví a subir a la bici, el miedo a caer nuevamente fue tan grande que no me dejaba pedalear.

no sé si como freddy turbina habré alcanzado ya, mi equilibrio espiritual. lo que sí tengo claro es que al igual como sucede con las bicis, es probable que me vuelva a caer, pero la próxima vez seguiré pedaleando sin miedo a irme al suelo nuevamente.